Cuando en la web oficial de ONU Mujeres se nos habla de Mujeres contra guerras por la Paz y la Seguridad, de cumplir con los Objetivos para Mujeres de la Agenda 2030, de la Lucha por Igualdad y Empoderamiento de todas las mujeres y las niñas del mundo, del desarrollo sostenible y de los proyectos emblemáticos e insignias programáticas para mujeres…. ►Link a la Web ONU Mujeres … y después de leer el artículo que os compartimos sobre el acceso de las mujeres de Paraguay a la educación universitaria, se nos hace más difícil aún creer que alguna de las promesas ofrecida por ONU Mujeres, tenga más o menos contacto con los problemas reales del mundo real en el que vivimos “las mujeres”.

El siguiente artículo nos llamó la atención porque nos fijamos en el siguiente titular: Vendo universidad privada de primer nivel en funcionamiento por viaje al exterior. A continuación reproducimos una pequeña parte del texto del artículo de Nico Granada en la web Kurtural.com.


El anuncio aparece en Clasipar, un popular sitio paraguayo de ventas por internet. El representante del dueño de la universidad que se oferta es un hombre de edad avanzada, tupido bigote blanco y gruesos anteojos que cuelgan de una cinta alrededor de su cuello. Me recibe en un bar del centro histórico de Asunción, entre cajones de cerveza y un televisor en silencio que muestra un partido de fútbol. Trae a la mesa una carpeta que rebosa de papeles.

Me cuenta que es jubilado, pero que abrió una consultora para este tipo de representaciones comerciales. Mejor que sentarse solitario en una vereda a esperar la muerte, como hace gran parte de la población de su edad. No es el caso de don Miguel, claro, que aún va por la vida vendiendo cosas. Una universidad, en este caso. Por internet.

—Don Miguel, dígame, ¿por qué quiere vender el dueño?

Me cuenta que es la esposa del dueño quien presiona para que se venda. Ve poco al marido. Él sale a las 6 de la mañana de la casa y regresa recién a medianoche porque, además de ser dueño de la universidad, es el rector. «Ya es un señor mayor también», dice.

—¿Y cuánto pide, don Miguel?
—Un millón novecientos mil dólares.
—…
—Pero es de primer nivel.

Las universidades privadas que los pobres pagan

En 1989, cuando cae la dictadura militar, en Paraguay existían solo dos universidades: una pública y una privada. En el año 2000, había más de diez. Hoy se ofrecen 4.500 carreras a través de 54 universidades y 37 institutos superiores habilitados por ley, distribuidas entre un altísimo número de filiales en todo el territorio nacional. Este crecimiento acelerado lo propició el Congreso de la República a mediados de la década 2005-2015.

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La Universidad Central del Paraguay es una de las 54 universidades que ofrecen 4.500 carreras en Paraguay • Juan Carlos Meza / Fotociclo

Todo esto ocurría mientras Paraguay enfrentaba la diáspora migratoria más acelerada de su historia. Luego de la crisis económica del año 2002, la mitad de la población se encontró en situación de pobreza. Miles de paraguayos se vieron obligados a formar interminables filas fuera del Departamento de Identificaciones para conseguir un pasaporte y partir en busca de una oportunidad laboral a Europa. Con este fenómeno, pronto ingresaría mucho dinero al país a través de remesas, que se distribuyeron en un amplio segmento de la población.

En Paraguay los más pobres no van generalmente a las instituciones públicas de educación superior. Pagan por estudiar en universidades privadas. Acceder a una universidad pública es difícil por múltiples razones.

Por ejemplo, la oferta es territorialmente limitada y los costos de ingreso son altos. Además, los horarios de carreras como Ingeniería o Medicina impiden trabajar de manera paralela a los estudios, una obligación para quienes necesitan ganar dinero para sostenerse.

Un estudio de Unicef muestra que en varios países, la asignación de recursos públicos en la educación del 20 % más rico es hasta 18 veces mayor que la que se invierte en el 20 % más pobre.

El negocio de las universidades privadas se sostiene sobre la necesidad de cientos de miles de familias pobres que sufren la ausencia estatal y la recurrencia de la separación por la migración. Intentan luchar contra ella con capacitación. Mientras tanto, los bienes comunes dirigidos a educación no hacen más que fortalecer la inequidad y el poder de las clases privilegiadas del país.

El negocio de las universidades privadas sigue en expansión, aunque ya no a través de la creación de nuevas universidades por ley, sino acentuando un método que cumple idéntica función: la venta de franquicias.

Gerardo Gómez Morales, cuando era viceministro de Educación Superior, dijo en una entrevista sobre el modo de creación de universidades:

—Eran personas que tenían un instituto técnico o una pequeña academia de informática las que compraban los derechos para usar el nombre de las universidades. Es igual a abrir un local de McDonald’s; como franquicias de empresas, se abrían filiales de universidades e institutos superiores.

Por otro lado, los congresistas paraguayos propiciaron aún más el crecimiento del mercado de las universidades privadas. Desde hace al menos diez años existe, en la normativa del Presupuesto General de la Nación, una bonificación por rango académico. Básicamente, esto permite que un funcionario público acceda de forma automática a un ingreso extra sobre su salario mensual al conseguir un título universitario.

Este posible sobresueldo hizo que cientos de miles de funcionarios públicos se conviertan en potenciales clientes para las casas de estudio.

La trampa del negocio universitario

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 En un país donde la oferta educativa se comercia en sitios de venta por internet, la institución que controla los programas de estudio solo tiene 12 funcionarios para 4.500 carreras.

En 2012, el Viceministerio de Educación Superior compartió en un informe el daño colateral del modelo de negocio de la universidad privada: solo uno de cada diez jóvenes que inicia una carrera universitaria la termina.

En 2006 se apuntaron cerca de 115 mil jóvenes a una carrera terciaria. Cuatro años después egresaron poco menos de 13 mil. A la par de que casi nadie finalizaba sus estudios, se formaban nuevas universidades y cada vez más jóvenes se lanzaban en busca del sueño profesional.

Para 2012 ya eran más de 300 mil los estudiantes inscriptos. De todos estos, 8 de cada 10 eran alumnos de instituciones privadas. Hoy en día, el Gobierno admite que no tiene información precisa sobre la cantidad de alumnos universitarios que existen en el país.

El crecimiento desmedido de la oferta educativa privada trajo consigo un problema derivado: es difícil terminar una carrera. A medida que pasan los semestres de estudio, las miles de carreras que se ofrecen por todo el país no pueden sostener todas un número considerable de alumnos para que sigan resultando rentables.

Es cierto que algunos estudiantes abandonan a mitad de camino y también es normal que la deserción ocurra en cualquier carrera.

Pero, los restantes alumnos que sí tienen intención de seguir cursando sus estudios ya no pueden hacerlo porque la universidad cierra la carrera. Es la institución la que normalmente abandona a los alumnos.

El contrato que un alumno establece con una universidad no tiene garantías para el estudiante. Las probabilidades de quedarse sin carrera a medida que avanza en la misma son altas. En algunos casos, la institución les presenta un dilema que ella misma plantea como solución: o clausurar la carrera, o que los pocos estudiantes restantes vayan aceptando inesperadas y progresivas subas en los costos de estudio, lo que a su vez provoca mayor abandono.

Tomando en cuenta el bajo índice de egreso y la mecánica expansiva en que opera la oferta, se trata de un callejón sin salida para los alumnos. Pero es rentable para los dueños, sobre todo en los primeros semestres, que es donde las miles de carreras ofrecidas cosechan cuanto pueden.

Sin garantías de un futuro mejor

Vanessa Lezcano ha decidido no migrar, aunque haya tenido oportunidades y razones para hacerlo. Vive en Choré, un pequeño pueblo ubicado en San Pedro, uno de los departamentos más pobres del país. Fue mejor egresada en la escuela y el colegio. Empezó una carrera de negocios en la Universidad Técnica de Comercialización y Desarrollo (UTCD) durante dos años, pero esta cerró por no contar con el número requerido de alumnos: la institución necesitaba 10 alumnos como mínimo.

En el quinto semestre ya no llegaban a ese número. Si alguna vez un grupo posterior completa el cupo, le dijeron, ella podrá sumarse para cursar la segunda mitad que le falta. De esto hace ya unos años. ►Link al artículo completo


Añadimos otro buen artículo a destacar de la web Kurtural.com. Su autora María Domínguez, nos explica sobre las vicisitudes laborales que tienen que padecer niñ@s y jóvenes paraguay@s, para acceder a estudios de segundo ciclo y universitarios. 

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Una de cada cinco trabajadoras domésticas en Paraguay está en edad escolar (entre 10 y 19 años).

“Criaditas, esclavas para poder estudiar”

Para más de 40 mil niñas, la explotación laboral es la única opción para acceder a la educación en Paraguay.

Tina Alvarenga vivió ocho años en una casa donde tenía prohibido comer con la familia. Casi convertida en una profesional, volvió años después y escuchó a la señora hablar de ella con orgullo. «Es como nuestra hija, la que mejor nos ha salido», dijo.

Pero Tina nunca fue tratada como una hija en esa casa. Desde los diez años, ella fue la «criadita» de la familia, una palabra usada en Paraguay para calificar a más de 46.000 niñas y niños que se ven obligados a trabajar para poder ir a la escuela.

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Además de la explotación laboral, las criaditas viven aisladas de las demás niñas de su edad.

►Link al artículo completo: “Criaditas, esclavas para poder estudiar”cuya autora es María Domínguez.

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