EL NEGOCIO DEL HAMBRE

Un Juego de Casino

¿Desde cuándo se especula con las materias primas de primera necesidada futuro para ganar montones de dinero a costa de las futuras hambruna de millones de personas?

¿Qué sistema puede permanecer inmutable ante una aberración como esta?

Si el sistema lo normaliza …. ¿qué esperanzas tenemos de sobrevivir en un entorno que beneficia a quien carece de ética y compasión hacia sus semejantes?

Pocos saben que uno de los principales motivos de ese sufrimiento mundial –y de que 5.000.000 (millones) de niños mueran por malnutrición cada año en el Tercer Mundo– es la ingeniería financiera con la que los tiburones de Wall Street transformaron los mercados de futuros de las materias primas, en una ruleta bursátil, con la que seguir enriqueciéndose, tras el pinchazo de la burbuja de las puntocom en 2000-2001.

Goldman Sachs y la Especulación con Alimentos Básicos

En realidad, a los primeros que se les ocurrió tan estupenda idea fue a los banqueros neoyorquinos de Goldman Sachs, quienes ya en 1991 crearon un nuevo instrumento especulativo, un índice de 18 productos básicos –del trigo, el cacao, el cerdo, el arroz o el café, al cobre y al petróleo– para que los brokers pudieran también jugar en lo que hasta entonces era un mercado especializado.

A Goldman Sachs Commodity Index, se sumaron después muchas otras grandes entidades financieras deseosas de aprovecharse de este nuevo mercado.

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Es lo que la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (Unctad) denomina “financialización” de los mercados de productos de primera necesidad.

El proceso de financialización dentro de una economía que debe dar de comer a la gente,  tiene consecuencias catastróficas en términos de desarrollo humano. Ellas consisten en la transformación de la comida en una moneda más, como  medio de especulación financiera que ya lleva más de veinte años.

Un fenómeno que se desbocó cuando los lobbies financieros norteamericanos consiguieron que el Congreso de EEUU aprobase por la vía de urgencia –para compensar a los mercados del colapso de la burbuja digital– una legislación que permitió a los grandes fondos de pensiones y hedge funds que empezasen a especular con derivados de esos índices de materias primas.

El resultado fue tan espectacular como ignorado por políticos y ciudadanos: en sólo cinco años, las posiciones de los fondos en el mercado de materias primas pasó de 13.000 a 317.000 millones de dólares.

Esa tremenda multiplicación especulativa buscaba, por supuesto, que los precios de esos productos básicos se disparasen, para obtener pingües beneficios con los astronómicos márgenes entre lo que se paga a los agricultores (fijado de antemano e invariable) y lo que se acaba cobrando a los consumidores.

Y así fue. En la primera década del siglo XXI, los precios medios del trigo, el maíz y el arroz prácticamente se dispararon… produciendo decenas de miles de millones de beneficios a los especuladores bursátiles, con los que compensaron sus pérdidas en las temerarias operaciones de las hipotecas subprime, los activos basura y los CDS. (Nota: crisis del 2008, la de las hipotecas basura)

La escasez, producto del acopio de las materias primas, provocó en el año 2006 que el precio del trigo creciera en un 80%, el del maíz un 90% y el del arroz un 320%, lo que produjo:

  • miles de millones en beneficios para los especuladores bursátiles, y que,
  • 75.000.000 (millones) de personas cayeran en la pobreza extrema y el hambre, aproximadamente, se calcula que  25.000.000 (millones) de personas, murieron por las consecuencias del conocido como, “negocio del hambre”.

Entretanto, en 2008 estallaban revueltas del hambre en una treintena de países del Tercer Mundo, donde la mayoría de la población tiene que gastar en alimentos el 70% de sus ingresos y no puede costear ni la menor subida de precios; simplemente ha de pasar hambre.

Ni siquiera la actual crisis económica global frenó ese encarecimiento de los productos de primera necesidad, pues los precios de los cereales han aumentado en más del 60%.

“El mercado de los alimentos se ha convertido en un casino”, declaró Joerg Mayer, de la Unctad, a The Guardian. “Y por una única razón: hacer que Wall Street gane todavía más dinero”.

Ante cualquier acusación hacia los banqueros de Goldman Sachs, como los “provocadores” las nuevas hambrunas vividas a comienzos del siglo XXI, lo  único que dicen estos “grandísimos banksters”, es que el aumento de los precios de los productos de primera necesidad, “no está relacionado con la especulación en bolsa de las cosechas futuras”, porque no hay estudios que así lo demuestren.

►Link a la Web Consultada



Soberanía Alimentaria

La soberanía alimentaria es una propuesta que sale de La Vía Campesina, un movimiento internacional que une millones de campesinos de todo el mundo, donde se suman muchísimas organizaciones, y que defienden el derecho a la alimentación tal como recoge el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 

En definitiva, las personas tenemos derecho a una alimentación suficiente y de calidad para poder sobrevivir.

No debemos aceptar que los grandes países exportadores de productos alimenticios tengan una población hambrienta. Los gobiernos locales tienen que tener una política agrícola que busque, ante todo, alimentar a su población.

No puedes olvidar a tu población para generar beneficios a base de la exportación de alimentos.

La soberanía alimentaria se basa en 3 pilares: El control de la tierra, del agua y de la biodiversidad.

Y todo esto se está perdiendo. El actual sistema busca la agricultura en extensiones inmensas, para luego negociar las producciones a nivel de comercio internacional, incluso a veces por brokers.

Las 7 próximas cosechas de trigo ya están vendidas. Es decir, tu puedes comprar trigo del año 2019 y luego especular con el.

Actualmente mueren en el mundo unos 32 millones de personas por desnutrición crónica, conocida como “hambre silenciosa”, que afecta a 165 millones de niños de todo el mundo.

De los 1.200 millones de personas más pobres del planeta, el 80% son campesinos, es decir, personas que tienen la posibilidad de producir alimentos.

Otro dato importante, el 75% de los niños menores de 5 años que están desnutridos, viven en zonas de excedencia  agraria.

Por raro que parezca, en el mundo no existe la relación entre ser agricultor y estar bien alimentado…

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¿Pero cómo funciona este sistema?

Te pondré un ejemplo: Imagínate un empresario de hortalizas que se va a producir judías verdes y pimientos a Marruecos, porque allí encuentra mejores condiciones. Este empresario compra o alquila las hectáreas de tierra que considere oportuno, echando a los campesinos locales que trabajan esas tierras y producen los alimentos que se consumen localmente.

Esta gente que ha perdido el trabajo, van aceptar unas condiciones deplorables para trabajar esas tierras. Esa producción de bajo coste, será exportada aquí a un precio con el que no pueden competir nuestros agricultores.

Es decir, el impacto de estas prácticas será la generación de paro y hambre tanto en aquella zona de Marruecos, como la ruina de los agricultores locales de aquí.

Y ésta es la lógica del sistema neoliberal actual. Este es el drama, estamos produciendo en otros países alimentos lo que podemos producir aquí.

HAITI, de la autosuficiencia alimentaria a la pobreza extrema, gracias a EEUU

Hasta el año 2000, Haití producía arroz suficiente para alimentar a su población y, además, para poder exportar. Después de unas intensas negociaciones en EEUU, el lobby del arroz consigue ser subvencionado, exportando el producto a unos precios bajísimos, muy por debajo del coste de producción (dumping). Estas subvenciones hicieron que el arroz exportado fuese más barato que el que producían los agricultores haitianos, quedándose totalmente arruinados en tan solo dos años después de estos acuerdos.

Consecuencia directa: Los agricultores haitianos, abandonaron sus tierras y, hoy, Haití es uno de los países más pobres del mundo, con las tasas de población hambrienta más altas y un importador neto de arroz de los EEUU. (Nota: Haití también recibió la “recomendación” del FMI, para convertirse en importador).

A veces, cuando hablamos de mercados especulativos y otros ejemplos, tendemos a pensar en grandes compañías que operan en mercados ajenos.

Hubo el caso de un banco que ofrecía “depósitos 100% natural”, con los que se jugaba con el azúcar, el maíz y el café. La gente podía invertir tranquilamente en estos depósitos.

¿Tú crees que la gente que invertía sabía toda esta información? ¿Crees que tenían idea de que cada vez que ganaban dinero, estaban provocando hambre y desnutrición en la población que ya no podía pagar ese aumento de precios?

Es importante entender que cuando hablamos de especulación, no siempre estamos hablando de grandes mercados en Chicago… No, también estamos hablando de especulación en mercados locales.

Otro tema clave: Los transgénicos.

La falacia de escasez de los alimentos no solamente acepta la subida de precios de éstos, sino que, además, justifica el uso de transgénicos para aumentar su productividad.

Si buscamos información sobre propiedades de los alimentos transgénicos nos encontramos vídeos y explicaciones fantásticas sobre las propiedades positivas de los productos transgénicos, siendo éstos tan necesarios, por su resistencia a las heladas, a las plagas y porque, en definitiva, aumentan la producción agrícola.

Es perverso y, además, esta información tiene muchísima fuerza. Ahora hay una campaña durísima para que se apruebe el uso de transgénicos en Europa.

¡¡Producimos alimentos para 12.000.000.000 (doce mil millones) de personas!!

Con ese dato de la escasez de productos y aumentar la productividad, en el mundo se está produciendo actualmente alimentación para 12.000 millones de personas, cuando la población real supera ligeramente los 7.000 millones, no es verdad que dentro de 20 años nos faltará comida.

Podríamos concluir añadiendo que los alimentos no van donde hay necesidades, van donde hay negocio.

►Link a la Web consultada



¿Por qué existen el hambre y la pobreza extrema?

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►Link a las páginas del libro, “Crisis económica y apocalipsis”, escrito por GABRIEL Wüldenmar 



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